jueves, 11 de septiembre de 2008

15 años después (Parte I)

Ada, Magaly, Jessica, Manuela, Heydi, Adriana y Dorothy...hace 15 años.

Cuando uno está estudiando en su edad de adolescente, donde todo lo “adolece”, suelen preguntarle: ¿cómo te ves de aquí a diez años? Ciertamente, son pocos los que logran dar una respuesta atinada a la cuestión y otros tantos, entre los que me incluyo, que no logran ver más allá de lo que alcanzan sus ojos.

Lo cierto es que algunos ni siquiera imaginamos vernos como nos vemos ahora, no diez, sino quince años después: más gordos, más peludos, más pobres, más borrachos, más “fitness”, más rockers, más o menos: no importa.

He aquí cómo se miran las niñas y niños de antaño, aquellos vivarachos de la promoción 1991 – 1993, 15 años después.

Dorothy Carrera llego a ser la hija de Lily y Coca, y eso que ambos solo tenían 15 años. 15 años después, es la madre de 3 hijas que están bastante grandes. Lo bueno es que el tiempo ha sido favorable. Linda ella.


Adriana era amiga de Dorothy desde la infancia. Pasó el tiempo y creció la niña, pero solo de edad, y ahora son 2 grandes infantes los que tiene, o talvez 3, con “Santiaguito”, su marido, que de “Santi”, naranjas.


Las naranjas, antes de madurar, son verdes: pero talvez no tanto como el color de ojos que tenía Jessica hace 15 años. El tiempo todo lo decolora, pero, Dios tan lindo, avivo más esos ojos que irradian alegría y felicidad al lado de su “nena” y del muy cansado Phol. (Se cansó de correr y a la otra no lo quedó más que agarrarlo y para siempre).


“Siempre” es una palabra que da miedo, por lo que compromete. Y es que, el que se compromete… pronto se va a casar, así como el señor Pirir, que, ¡no pirir! Dice que ya mero se nos casa y que, esperamos, haya reunión en su casa.


Una casa… para que quepan todos ¡hasta la guitarra! Si no, pregúntenle a Manuela, que ya tiene grande a la familia. Que sigan siendo muy felices.


La felicidad se expresa con risas. O, por lo menos, las risas son las que no deben nunca faltar. Gracias a Dios, nunca le faltaron a Ada, la que sí chupa, ahora embriagada de felicidad por su “precioso”, al estilo del señor de los Anillos, Diego.

La Hermandad

Literalmente, las “fiestas” de Semana Santa pasaron a la historia. Y digo “fiestas” porque eso fue la Semana Mayor para la gente de la promo. De hecho, por la religiosidad que enmarca a estas fechas, la promo dejó de ser promo y se transformó, sin sacrilegios, en la “Solemne Hermandad de los Martinicos desaparecidos y encontrados en el Tiempo de Nuestro Señor”.

Asistentes a la reunión de la Santa Hermandad de los Martinícos.

Pero el tiempo es sabio y todo lo pierde, digo pues, porque lo que comenzó a ser una tradición, no fueron las juntas, sino las desapariciones de la banda.

La emoción de las reuniones anteriores hizo que el fenómeno de los reencuentros, pasaran a ser, ahora, la tradicional Junta de la Hermandad de los Martinicos. De esa cuenta, el 11 de abril se dispuso una nueva junta que, seguramente, sería, igual que las anteriores, bastante “solemne”.

El templo de reunión de la Santa Hermandad fue la “Casa Italiana del Techo Rojo de la Avenida de Petapa” (Pizza Hut). Pero, como suele suceder en misas y cultos, no llegó mucha ‘mara’.

No sé si por la decepción, por la nostalgia, por la tristeza o por las puras ganas de sentirse “abejas”, hubo tragos hasta de más. De hecho, hubo tanta cerveza que otros la tuvieron que tomar en lugar de los refrescos propios de su edad. Como era de esperarse, algunos quedaron rendidos y tendidos ante tanto exceso.

Algunos quedaron tendidos ante tanto exceso.

Asistieron a esta reunión, un “poquito” pasado de la hora: Cristian, Coca y, claro, los infaltables Adriana y Santiago y compañía limitada –porque, seguro, no piensan tener un hijo más-.
Sin embargo, estuvo buena. Sería el preámbulo santo y solmene de nuevas conjuraciones de la Hermandad.